Propiedad de Thorne: La primera vez

 La cuarta noche en la mansión Thorne marcó el punto sin retorno. Después de la sesión en la gran cruz, mi cuerpo ya no me pertenecía. El plug anal seguía dentro de mí, estirándome de una forma que me recordaba constantemente a quién obedecía. Mi trasero todavía ardía por las nalgadas, mis pezones sensibles por las pinzas, y sexo palpitaba vacío, desesperado por algo más que dedos y juguetes. La promesa que me hizo Julian Thorne me mantenía emocionada en cuerpo y alma, el día que estaba esperando por fin había llegado, la noche que cumpliría mi mayor fantasía, esa que tuve desde que supo que pertenecía a Julian Thorne, esperaba paciente que la puerta de mi habitación se abriera y él entrara a buscarme.

Cuando esa puerta se abrió, mi cuerpo reacciono al unisonó, un sobresalto en todo mi cuerpo ante esa espera tan anhelada, cumpliría su promesa y por fin esta noche me penetraría sin descanso, me dejaría gozar sus embestidas y no controlar mi orgasmo, me tendió la mano sin decir una palabra y me deje guiar, me levante para que me llevara a donde sus fantasías más oscuras lo desearan y estaba segura que esta noche iba a disfrutar más placer que todas las anteriores noches.

Julian me llevó a su habitación principal, una estancia enorme con una cama con dosel, espejos en el techo y vistas al bosque oscuro. Me desnudó lentamente, besando cada marca que había dejado en mi piel. Cuando estuve completamente desnuda, me empujó sobre la cama y se colocó encima de mí, todavía vestido. Su peso me aplastaba de la forma más deliciosa. Me sentía indefensa ante él, ese hombre era capaz de ver en mi interior y oler la calentura que emanaba de mi cuerpo. Su mirada disparaba esa tensión que tanto disfrutaba, esa mirada me dominaba por completo.

—Esta noche vas a sentirme por completo, Elena —susurró contra mi boca—. Voy a penetrarte hasta que olvides quién eras antes de mí. Te hare gritar de placer hasta el cansancio.

Me besó con violencia, mordiendo mi labio inferior mientras sus manos apretaban mis pechos con fuerza. Bajó la cabeza y chupó mis pezones con hambre, mordiéndolos hasta que grité. Luego siguió bajando, lamiendo mi vientre, besando el interior de mis muslos temblorosos. Cuando llegó a mi sexo, lo devoró. Su lengua entró en mí, penetrándome mientras su nariz rozaba mi clítoris hinchado. Me corrí rápido, gritando, empapándole la cara. Fue uno de esos orgasmos intensos que se robaban la energía de tu cuerpo en cada contracción, pero dejándote una cara de satisfacción muy difícil de imitar para alguien que solo estuviera fingiendo. Fue un delicioso orgasmo, lo mejor que solo era el principio de esta noche que prometía, ser una noche inolvidable para mis sentidos y deseos más intensos. 

Pero no se detuvo. Me dio la vuelta, me puso a cuatro patas y sacó el plug anal lentamente. Gemí por la sensación de vacío. Julian lubricó su pene grueso y presionó la cabeza contra mi entrada trasera. Mi cuerpo se contrajo ante la inminente invasión a mi puerta trasera, Julian se dio cuenta enseguida. Y por eso me hablo para calmar mis nervios o movimientos involuntarios.

—Relájate —ordenó—. Estas nalgas también son mías.

Entró despacio, pero sin piedad, centímetro a centímetro, estirándome hasta el límite. El dolor se mezcló con un placer oscuro y profundo. Cuando estuvo completamente dentro, gruñó de satisfacción y empezó a moverse. Cada embestida me hacía ver estrellas. Me penetraba el trasero con ritmo creciente, una mano en mi cabello tirando hacia atrás, la otra rodeando mi clítoris. Llevándome a ese límite de perversión donde se mezclaba el dolor con el placer que tanto me encantaba

—Tan apretada… tan perfecta para mí —gruñó—. Dime que te gusta que te coja el trasero como la puta que eres.

—Me gusta… señor… penétrame más fuerte…

Me corrí otra vez, mi sexo chorreando sobre las sábanas mientras mi trasero apretaba su pene. Julian aceleró, penetrándome con fuerza brutal hasta que se corrió dentro de mí, llenándome de semen caliente y espeso. Mi cara cayo sobre el colchón, mi cuerpo estaba agotado, ese orgasmo me dejo sin fuerzas, pero sabía que Julian Thorne no tenia intenciones de dejarme descansar esta noche, me quería tener agotada de tanto placer y perversión.

Me dio la vuelta y me miró a los ojos. Su pene todavía estaba duro. Eso demostraba su deseo intenso de volver a penetrar mi cuerpo, con esa intensidad tan animal que ese hombre tan dominante poseía.

—Ahora viene lo mejor —dijo con esa sonrisa oscura.

Me abrió las piernas y, por fin, me penetró mi vagina. Su pene grueso entró de un solo golpe hasta el fondo. Grité de placer. Estaba tan mojada que resbalaba, pero su tamaño me llenaba por completo. Empezó a penetrarme con embestidas profundas y posesivas, cada golpe haciendo que mis pechos rebotaran. Sus embestidas eran profundas y vigorosas, me abrazaba alrededor de su cuerpo para sentirlo más profundamente, si eso era posible porque Julian estaba invadiendo mi intimidad de una manera tan intensa y profunda. 

—Mírame —ordenó—. Quiero ver cómo te rompes para mí.

Lo miré a los ojos mientras me penetraba sin piedad. Sus embestidas eran brutales, golpeando mi punto G una y otra vez. Me corrí alrededor de su pene, apretándola con fuerza, gritando su nombre. Él no paró. Siguió penetrándome, cambiando de posición: me puso encima, me hizo cabalgarlo mientras apretaba mis pechos, me tomaba de las caderas guiándome para que aumentara la velocidad de mis sentones, lo obedecí para complacerlo, cerré los ojos para concentrarme en mis movimientos tratando de complacerlo. Logrando que mis paredes vaginales se aferraran alrededor de su pene para exprimir el máximo de su placer, solo me dejaba guiar por sus manos y por las indicaciones de su cuerpo.

Julian Thorne me daba nalgadas. Luego me puso de lado, levantando una de mis piernas para penetrarme más profundo. Sus embestidas fueron duras, profundas y sin descanso, me poseía a un ritmo endiablado que, hacia estremecer todo mi cuerpo, Julian no descansaba, mi cuerpo era usado para satisfacer su placer, ese deseo tan intenso de poseerme, de penetrarme sin descanso, mi cuerpo no paraba de temblar y de sentir tantas sensaciones al mismo tiempo.

—Eres mía —gruñó contra mi cuello, mordiéndome—. Este sexo, este trasero, esta boca… todo es mío. Dilo.

—Soy tuya… solo tuya, Julian… por favor, no pares…

Me penetro tantas veces que se me olvido el tiempo, no estaba segura si había amanecido o si todavía era de noche, solo me importaba el placer que Julian Thorne me estaba brindando. Me hizo correrme una y otra vez hasta que perdí la cuenta. Al final, cuando ya estaba temblando y rota, me puso boca arriba, me sujetó las muñecas por encima de la cabeza y me penetró con embestidas lentas pero profundas, mirándome a los ojos. Fue el momento más tranquilo de toda la noche, si podemos decir que esas embestidas más lentas eran tranquilas, al embestirme podía sentir todo su miembro abriéndose paso en mi interior hasta llegar a ese punto tan profundo que me hacía temblar de placer, este momento era una mezcla de ese lado salvaje y uno muy diferente como si todo ese deseo y perversión causara una extraña conexión entre nosotros.

—Te amo —susurró de repente, la voz ronca—. Te amo de una forma que me asusta, Elena. Y por eso te voy a destruir… para reconstruirte solo para mí.

Esas palabras me rompieron más que cualquier embestida. Me corrí con un sollozo, y él se corrió conmigo, llenando mi sexo de semen caliente mientras me besaba con una mezcla de violencia y ternura que me destrozó el alma. Si pudiera describir ese sentimiento entre los dos no lo lograría con palabras, es un sentimiento que para comprenderlo tienes que experimentarlo y justo en ese momento era todo lo que me abrumaba de una manera tan fuerte que había olvidado lo vivido hace unos momentos para que esas palabras se guardaran en mi mente de una forma que me sería imposible olvidarlas.

Después me abrazó, todavía dentro de mí, acariciando mi espalda mientras yo lloraba en silencio contra su pecho. No sabía si eran lágrimas de placer, de miedo o de amor enfermizo. Solo sabía que ya no podía imaginarme lejos de él. Me había atado con unas simples palabras, o eso quería pensar, usando las palabras como excusa para ocultar un sentimiento más fuerte, más difícil de comprender.

—Descansa —susurró besando mi frente—. Mañana seguiremos. Y cada día te haré más mía.

Cerré los ojos, su pene todavía latiendo dentro de mí, su semen corriendo por mis muslos. La mansión Thorne ya no era solo un lugar. Era mi cárcel y mi paraíso. Y Julian Thorne era mi dueño absoluto. Ese hombre se había convertido en la persona más importante de mi vida y yo en su esclava que estaba dispuesta a cualquier castigo o perversión para complacerlo.


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