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Mostrando las entradas con la etiqueta Propiedad de Thorne

Propiedad de Thorne: Amenaza externa

 La novena noche trajo el primer golpe real del mundo exterior. Era algo que ninguno de los dos esperaba. Hasta ese momento, la mansión Thorne había sido nuestro universo privado: placer, dolor, obsesión y devoción. Solo nosotros dos en este universo, solo rodeados de los sirvientes de Julian. Pero el pasado no se queda enterrado para siempre. Te busca en el lugar más alejado que te encuentres, para recordarte lo que habías jurado olvidar. Estábamos en la biblioteca. Julian me tenía inclinada sobre el escritorio, penetrándome lento y profundo mientras yo intentaba leer en voz alta un poema erótico. Su pene entraba y salía de mi sexo empapado con ritmo posesivo, sus manos apretando mis pechos. Disfrutaba sentir como su pene rozaba mis paredes, abriéndose paso en mi entrada para llegar a mi punto más profundo, esos movimientos me estaban volviendo loca, cada movimiento estremecía de placer. Me había corrido dos veces ya y estaba a punto de la tercera cuando sonó el timbre de la puer...

Propiedad de Thorne: Caida total

  La octava noche fue la que selló mi destino. Después del castigo de la noche anterior, mi cuerpo estaba marcado: nalgas rojas, pezones sensibles, sexo hinchado y todavía lleno de su semen. Pero lo que más me dolía era el corazón. Un sentimiento fuerza embriagaba por completo mi corazón. Ya no luchaba. Ya no quería huir. Solo quería rendirme por completo. El impulso de escapar había desaparecido, se había esfumado de la misma manera que había aparecido, un sentimiento diferente sentía dentro de mi corazón. Estaba en calma esperando la llegada de Julian Thorne esa noche, una tranquilidad inesperada para la tormenta que se había formado la noche anterior. Julian lo notó. Esa mañana, en vez de órdenes frías, me despertó con besos suaves por la espalda. Una caricia suave que me sorprendió gratamente. Me giró y me miró a los ojos con una intensidad que me desarmó. Era un cambio muy notorio con lo que me había demostrado la noche anterior. Espera tranquila lo que me iba a decir, esp...

Propiedad de Thorne: El castigo que quema

 Un día más en la vida de Julian Thorne, el hombre que había cambiado mi vida, pero ya no todo no era perfecto, mi mente y mi cuerpo se encontraban distanciados y esa diferencia de objetivos estaba castigando mi alma lentamente. La decisión que iba a tomar podía cambiar todo y llevarme a una vida muy diferente de la que estaba viviendo, pero no estaba segura si era lo que realmente deseaba en ese momento., mi mente dudaba de mi actual situación. El día transcurrió rápido en esa mansión, la noche estaba por llegar y sabia que muy pronto él aparecería, por eso tenía que decidir rápidamente que decisión debo tomar con respecto a la vida con Julian Thorne. La séptima noche fue la primera vez que intenté rebelarme de verdad. La decisión estaba tomada. El secreto de Isabella me había envenenado y poco a poco ese veneno me estaba matando. Cada vez que Julian me tocaba, veía sus manos en el cuello de otra mujer. Cada vez que me susurraba “mía”, recordaba que había sido capaz de destruir a ...

Propiedad de Thorne: El secreto que sangra

 Los días pasaban en mi vida, estaba cansada, pero anhelaba cuando se hacia de noche en este lugar, era mi momento preferido de esta cárcel, no era una tortura de esas que te causan dolor, en mi mente y en mi cuerpo me causaban placer y era ese el motivo porque los días lejos del mundo exterior no me cansaban, pero como en cualquier historia o momento de la vida, no todo puede ser perfecto, había un detalle que me incomodaba desde que lo descubrí, era una duda simple, pero con el pasar del tiempo se volvía más grande y amenazaba lentamente con acabar es estado de paz y placer que actualmente me encontraba. La sexta noche en la mansión Thorne trajo la primera grieta real en mi rendición. Después de días de placer y posesión, el secreto que Julian ocultaba empezó a envenenarme. La mujer del retrato no salía de mi mente. Sus ojos, tan parecidos a los míos, me perseguían cada vez que cerraba los párpados. Acaso era ese parecido con la mujer de ese retrato que había hecho que Julian Tho...

Propiedad de Thorne: La obsesión que quema

 Después de aquella primera noche completa, algo dentro de mí se rompió de forma irreversible. Ya no era solo deseo físico. Era una obsesión que me consumía. Cada vez que cerraba los ojos veía a Julian: su mirada oscura, su pene grueso abriéndome, su voz susurrando que era suya. Me despertaba empapada, mi sexo palpitando, buscando su cuerpo incluso en sueños. Esa noche había abierto una caja de deseo que desconocía totalmente, esa hambre por el cuerpo de ese hombre me esta volviendo loca, en mis pensamientos solo existía mi deseo de complacerlo, de cumplir sus más oscuras fantasías, me estaba volviendo dependiente como si fuera una droga por el placer que me estaba causando con cada una de sus visitas en los anteriores días. Mientras dormía mi cuerpo se recuperaba de los castigos que me imponía Julian Thorne, era ese momento de paz que aprovechaba para recuperarme del cansancio, aún así deseaba que amaneciera, para someterme a los caprichos de Julian Thorne, ese era el deseo más fe...

Propiedad de Thorne: La primera vez

 La cuarta noche en la mansión Thorne marcó el punto sin retorno. Después de la sesión en la gran cruz, mi cuerpo ya no me pertenecía. El plug anal seguía dentro de mí, estirándome de una forma que me recordaba constantemente a quién obedecía. Mi trasero todavía ardía por las nalgadas, mis pezones sensibles por las pinzas, y sexo palpitaba vacío, desesperado por algo más que dedos y juguetes. La promesa que me hizo Julian Thorne me mantenía emocionada en cuerpo y alma, el día que estaba esperando por fin había llegado, la noche que cumpliría mi mayor fantasía, esa que tuve desde que supo que pertenecía a Julian Thorne, esperaba paciente que la puerta de mi habitación se abriera y él entrara a buscarme. Cuando esa puerta se abrió, mi cuerpo reacciono al unisonó, un sobresalto en todo mi cuerpo ante esa espera tan anhelada, cumpliría su promesa y por fin esta noche me penetraría sin descanso, me dejaría gozar sus embestidas y no controlar mi orgasmo, me tendió la mano sin decir una p...

Propiedad de Thorne: El entrenamiento de los sentidos

 La tercera mañana en la mansión Thorne desperté con el plug anal todavía dentro de mí, presionando en un lugar que nunca había sido tocado de esa manera. Cada movimiento me recordaba su presencia: un estiramiento constante, un recordatorio humillante y excitante de que Julian ya poseía partes de mí que nadie más había reclamado. Mi sexo estaba hinchado y sensible después de la noche anterior, y la piel de mis pechos y vientre todavía conservaba restos secos de su semen. Olía a él. Me sentía marcada como un animal. Era parte de su propiedad y solo estaba destinada para su satisfacción sexual y tener certeza de ese detalle hacía que mi cuerpo se calentara con ese pensamiento de anticipación y deseo, deseaba ser penetrada por Julian Thorne. Era mi tercer día en esta mansión, el tercer día que mi vida había cambiado para convertirme en su esclava, mi única función era complacer sus más oscuras. fantasías y definitivamente que eran fantasías muy oscuras. Los dos primeros días habían si...

Propiedad de Thorne: Las reglas de la mansión

 Desperté con el cuerpo dolorido y mi sexo todavía palpitando. Las cintas de seda ya no me sujetaban, pero sentía sus marcas en las muñecas como un recordatorio permanente de lo intenso de la noche anterior. La habitación estaba en penumbras, solo la luz del amanecer se filtraba débilmente por el ventanal. Mis ojos se acostumbraban a esa oscuridad y al silencio de esa habitación Mi vestido estaba arrugado alrededor de mi cintura, mi panty empapado y pegadas a mi piel. Olía a sexo, a sudor y a él. Julian Thorne. Me incorporé lentamente, las piernas temblorosas. Entre mis muslos sentía la humedad pegajosa de mi propia corrida de la noche anterior. El recuerdo de sus dedos penetrándome sin piedad, de su voz ordenándome que me corriera, me hizo apretar los muslos con una mezcla de vergüenza y excitación renovada. ¿Cómo era posible que mi cuerpo reaccionara así después de lo que me había hecho? Yo, que siempre había sido independiente, fuerte, ahora estaba húmeda caliente solo de pensar...

Propiedad de Thorne: La primera noche (Nueva versión)

 Decidi reescribir Propiedad de Thorne, espero les guste esta versión  Mi destino estaba sellado, por una deuda había terminado siendo la propiedad de Thorne, de Julian Thorne, él no había dudado ni un segundo en cobrar esa deuda y que mi cuerpo fuera su paga, por eso mi llegada a esa mansión fue en un abrir y cerrar los ojos. Ese hombre no admitía un no por respuesta y mi padre buscaba una manera de solucionar ese enredo que por apuestas se había buscado. No tuve tiempo de opinar, ni decidir, pero en el fondo no me desagrada esta nueva vida, ese hombre tenía una oscuridad de la cual me sentía tan atraída desde que lo conocí, aunque nunca había sido mi intención confesar ese detalle.   La primera noche en la mansión Thorne fue una lección brutal sobre la pérdida absoluta de control. Julian me condujo a través de pasillos interminables donde la oscuridad parecía tener vida propia, era como si sintiera una presencia respirando contra mi nuca. Cada paso resonaba en el má...

Propiedad de Thorne: La primera noche

 La primera noche en la mansión Thorne fue una lección brutal sobre la pérdida absoluta de control. Julian me condujo a través de pasillos interminables donde la oscuridad reinaba, respirando contra mi nuca. Cada paso resonaba en el mármol frío y el aire estaba cargado de madera antigua, cera de vela y ese olor suyo: whisky añejo, cuero y algo más oscuro, más salvaje, que ya me estaba mojando mi panty ante mis pensamientos pervertidos. Me llevó hasta una habitación suspendida en el tiempo. Solo una silla de terciopelo carmesí en el centro, iluminada por un rayo plateado de luna que entraba por una ventana alta, como un foco sobre un escenario de depravación. —Siéntate —ordenó. Su voz grave no admitía réplica. Mis rodillas cedieron antes de que mi orgullo pudiera protestar. Al hundirme en el terciopelo suave, sentí el roce sedoso de las cintas de seda negra que él sacó del bolsillo. Con movimientos precisos, me sujetó las muñecas a los apoyabrazos. La seda no apretaba, pero su peso ...