Jungla

   Estaba en la ciudad reclutando dos ayudantes para una expedición, después de 3 horas dos hombres valientes y fuertes, convencidos por una paga justa me ayudarían, era el director de un museo con un objetivo, conseguir una joya perdida en uno de los templos perdidos de la ciudad, busque un guía, uno de los comerciantes me recomendó un lugar donde buscar, pregunte a varias personas hasta que apareció, desde que la vi quede impresionado, una mujer muy bella, alta de cuerpo atlético se me presento como una guía especializada de la jungla que deseaba encontrar, sus ojos claros, tan azules como el cielo eran como un volcán, sus gestos sexys, su piel parecía que quemaba, lo sentí al estrechar nuestras manos, su cuerpo perfecto que se adivinaba perfectamente en la apretada ropa que usaba, me hacía desear estar con ella en otras situaciones, cuando complete el equipo decidí partir al día siguiente.

Caminábamos por la jungla muy temprano esa mañana, mis dos ayudantes, nuestra guía, yo un aventurero que buscaba una joya perdida El Ojo Del Halcón, una obra de arte valorada en dos millones de dólares, el silencio de la jungla nos rodeaba, nos aislaba del mundo, un silencio que te presiona, por los miles de sonidos característicos de este tipo de jungla, el sonido de los grillos, los gritos ensordecedores de los monos, el canto de las aves, el reptar de las grandes serpientes escondidas entre la vegetación, todo eso causaba un efecto de alerta, ese temor a lo desconocido, mis ayudantes abrían camino con sus machetes a las ramas bajas de los árboles que nos impedían el paso, avanzamos kilómetros en la espesa jungla hasta que el tiempo pasaba, pronto oscurecería, nuestra guía nos indicó que era mejor acampar para continuar en la mañana, para de esta manera evitar los grandes depredadores que cazan en las noches.

Armamos 4 tiendas de campañas rápidamente, antes de dormir decidí hablar con nuestra bella guía, entre sin avisar para llevarme una grata sorpresa, estaba en ropa interior, pude ver su cuerpo semidesnudo que cubrió rápidamente tomando una toalla para cubrirse.

— ¿Acaso no avisas al entrar a un lugar? —me pregunto contrariada.

—Perdóname nunca espere esta situación señorita Lucy.

—Veo que la disfrutaste mientras duro, nunca quitaste la mirada.

—Es duro dejar de mirar algo que te gusta.

—Pongámonos serios, mañana será difícil el templo que vamos puede estar lleno de trampas mortales—me dijo en tono serio.

—Me alegro de tener una excelente guía señorita Lucy Miller.

—Gracias espero que el Ojo De Halcón sea una linda pieza en su museo.

—Uno nunca sabe lo que nos espera mañana, espero sea gozando las delicias de nuestro triunfo, pero por ahora deseo dormir—me dijo mientras acercaba sus labios a mi oído, todo mi cuerpo se erizo en ese breve momento.

—Dulces sueños—me despedí cortésmente.

Comenzamos a caminar muy temprano, no tardamos a llegar a nuestro destino, frente a nuestros ojos mientras apartábamos la maleza, se mostró un hermoso templo escondido entre las raíces de los árboles, mis ojos estaban fascinados, lo había perseguido por años, había roto muchas reglas, estafado a tantos hombres, seducido a tantas mujeres para obtener información de este sitio, me hacía pasar por un Director de un museo que quería la joya para tenerla en su colección, nada más lejos de la realidad, solo deseaba el dinero, ese vil dinero que me darían por ella en el mercado negro, subimos las escaleras hasta la entrada, prendimos una antorcha, entraron primeros los ayudantes, Lucy, yo iba detrás de ella, el interior era muy oscuro, un pasillo estrechos de varios metros que solo se revelaba por la luz de la antorcha, de repente un fuerte ruido nos sacó de nuestra concentración, uno de los ayudantes había sido atravesado contra la pared por una especie de flecha filosa.

—Miren el piso, piso esa piedra falsa de ahí, al parecer es un interruptor que activo la trampa, tengan mucho cuidado, debe haber más trampas—nos dijo Lucy advirtiéndonos.

—Tampoco toquen nada de la pared, los interruptores pueden estar en cualquier parte.

Seguimos caminando, gracias a Lucy pudimos sortear todas las trampas, hasta llegar a una gran puerta, sellada que nos impedía el paso.

— ¿Tienes la llave, verdad? —me pregunto Lucy directamente.

—Si toma—le entregué la llave, se la había robado a un sujeto hace años, desde conocí la leyenda.

—Ten, abre la puerta—Lucy le dio la llave al ayudante que quedaba vivo.

El ayudante se acercó, uso la llave en la puerta, encajando perfectamente, la puerta comenzó a subir, entramos una gran cámara rodeada de muchas esculturas de piedra, al final un gran altar, donde pude verla, El Ojo Del Halcón, tan cerca de mí, solo faltaba recorrer el pasillo, el ayudante llego primero, muy alegre tomo la joya del altar, fue lo último que hizo en su vida, un gran estallido de fuego cubrió su cuerpo, incinerándolo al instante, Lucy tomo la joya que había caído del suelo.

—Guárdala, primero salgamos con vida de este maldito lugar—me dijo entregándomela.

—Claro ¿Sabes cómo salir? —le pregunte mientras guardaba la joya en una pequeña bolsa que llevaba.

—Mira eso parece un Interruptor—Lucy lo bajo revelándonos un pasillo oculto.

— ¡Lo sabía! Esa es la salida, estaba oculta para que los que construyeron este templo pudieran salir sin pasar las trampas—gritaba eufórica.

Caminamos por un estrecho pasillo que nos llevó de nuevo al exterior, salimos cerca de un gran arroyo, con claras aguas, el ruido de esa cascada era música para mis oídos, después de ese silencio fúnebre del templo.

—Esas aguas son tan claras, deseo bañarme, vamos acompáñame—me tomo de la mano para que nos metiéramos a las aguas.

—No creo que sea buena idea mojar nuestras ropas, sería un inconveniente para regresar—le dije desconfiando de la idea.

—Eso se resuelve fácil—me respondió mientras se desnudaba completamente, lanzándose en un clavado a las claras aguas del arroyo.

— ¿No me vas a acompañar? Deja la bolsa en ese árbol, entra, no te arrepentirás—el tono como me lo dijo me convenció completamente, esa invitación implicaba muchas cosas.

Me desnude para saltar hacia las aguas, al regresar a la superficie la mire, esos ojos revelaban el mismo deseo que sentía en mi interior, me acerque a ella, nos besamos con desesperación, nuestros besos reflejaban las ganas que nos teníamos, acariciaba su cuerpo con mis manos, besaba su cuello para volver a su boca, ella me ofreció sus pechos, mi boca beso desesperadamente, metí uno de los pechos a mi boca, mi lengua se encontraba con su duro pezón, mi pene duro se restregaba contra su vagina bajo las aguas, ella no dejaba de jugar, tirándome agua, riendo, gimiendo de placer, mis manos bajaron, la tome firmemente de sus nalgas, presionándola levemente contra mi pene, me acercaba y la alejaba de mi cuerpo, esa deliciosa sensación de excitación que iba creciendo dentro de mi cuerpo a cada segundo.

Me masturbaba con su cuerpo mientras besaba su cuello, mi pene rozaba su clítoris, sus labios mayores y los menores, rozaba su entrada anticipando ese placer que nos esperaba, volví a sus pechos, succionándolos con fuerza, mi piel ardía, su mano bajo para tomar mi pene, me masturbo suavemente mientras me mordía el lóbulo de la oreja.

—Te deseo adentro de mí—me susurro.

Esas palabras encendieron mi deseo, la cargue para sentarla en la orilla, le abrí las piernas, jugué con mi pene en su entrada, antes de penetrarla completamente, nos besamos mientras comenzaba mis movimientos de forma lenta, sus manos se aferraban a mi espalda, me tomaba mis nalgas, mis penetraciones ya eran más rápidas, era una delicia sentir mi pene en su interior, sus paredes vaginales se amoldaban a mi pene como si fueran un guante, cada roce me causaba un sinnúmero de sensaciones, la calidez de su interior era una delicia, entraba…salía….entraba…salía con mi corazón desbocado, no podía evitar suspirar de placer, suspiros que eran callados por sus besos, besos salvajes donde nuestras lenguas luchaban por dominarse uno al otro, mis embestidas se tornaron duras, ella se apretaba contra mi cuerpo.

El frio del agua del arroyo contrastaba contra el calor de mi cuerpo, la embestía, ella gemía muy fuerte cerca de mi oído, mi pene entraba con facilidad, estaba tan mojada, acelere mis embestidas, sus uñas se clavaban en mi espalda, todo su cuerpo tembló, sentí como el interior de su vagina se contrajo sobre mi pene, esas contracciones me hicieron perder el control, me deje llevar por mi orgasmo, nos besamos mientras mi respiración se calmaba, se levantó para ir donde su ropa obsequiándome una vista inmejorable de su formado trasero, me dispuse a salir del agua.

—Espera, aún no hemos terminado, buscare algo en mi maleta, para seguir, aun no se apagan mis ganas.

—Vuelve rápido le contesté—decidí refrescarme en las aguas mientras la esperaba.

Al cabo de 5 minutos regreso, se tiro al agua mientras me daba la espalda.

—Vi cómo me mirabas las nalgas, penétrame de esta forma, sé que te encantara.

—Tus órdenes son música para mis oídos.

La tome de las caderas para penetrarla, volví a entrar en su caliente interior, le besaba el cuello, apretaba sus pechos, halando sus pezones, mordía el lóbulo de su oreja, la embestía con dureza mientras nuestros cuerpos se movían al unísono, ella movía sus caderas de manera tan provocativa, me deleitaba en la firmeza de su pecho, el calor de su cuerpo mojado, el sabor de su piel, la dulzura de su interior, ese olor natural de las aguas mezclándose con el olor de nuestros cuerpos, sigo embistiéndola fuertemente, ahora ella gime sin parar, mi cuerpo se calienta tanto a pesar del frio, me pego a su cuerpo mordisqueando su cuello, ella toma una de mis caderas, empujo duro, me sale un gemido, cada vez que entro y salgo lo disfruto tanto, empiezo a notar que estoy llegando de nuevo a ese punto sin retorno, puse mis manos en la orilla, mi cuerpo la apretaba contra la tierra, la empecé a penetrar de forma intensa, todo era tan físico, tan animal, que no pude evitar estallar en un fuerte orgasmo, que hizo temblar todo mi cuerpo.

Descanse sobre ella, me levante dándole un beso en la espalda, nos vestimos para retornar a la ciudad, cuando llegamos, le entregue su paga.

—Vente conmigo, te aseguro que no pasaras dificultades—le dije deseando que me acompañara.

—Lo siento, soy una guía, no puedo vivir de riquezas, ni lujos, mi vida es la aventura, la adrenalina, mi vida es la jungla y sus misterios.

—Nunca te olvidare—le dije dándole el último beso.

—No lo harás, ningún hombre puede olvidarme, de eso estoy segura, que antes de que te vayas de esta ciudad me querrás encontrar—me dijo riéndose de ironía.

—Vaya que vanidosa—le dije sonriéndole mientras se alejaba entre la multitud.

Al día siguiente volví a mi país, sin perder tiempo fui al mercado negro donde mi contacto me pagaría por El Ojo Del Halcón, espere impaciente mientras lo examinaba.

—Me quieres engañar, estúpido esta joya es falsa.

— ¡Falsa! Pero no es posible, la encontré en el templo, nunca me despegué de esa joya.

Estaba desconcertado, como podía ser falsa, a mi mente vino el recuerdo, ese único momento que no estaba al lado de El Ojo Del Halcón, no puede ser posible a menos que ella.

—Le avisare a mi guía Lucy Miller.

— ¿Una mujer te acompaño?

—Si una guía muy bella.

—Acaso es esta mujer—me enseño una foto de una mujer, era Lucy un poco cambiada, pero era ella.

—Si es ella, Lucy Miller.

—Has sido estafado, no se llama Lucy Miller, nadie sabe su nombre real, es conocida como La pantera, es una ladrona de tesoros, antigüedades, una mujer que usa sus encantos femeninos para engañar a los hombres, esa jungla es su caza, hay leyendas que se crio en ella, pero nadie sabe si son ciertas.

Me levante furioso, recordé sus últimas palabras, tenía razón nunca la iba a olvidar, regresaría a buscarla por toda la jungla, hasta encontrarla, un sentimiento de venganza se había apoderado de mi cuerpo.

—Hasta la próxima Pantera, te voy a encontrar, aunque muera en el intento—me dije a mi mismo como una meta que debía cumplir.

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