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Mostrando las entradas de 2026

Espejos rotos

  Diego no mató a Viktor Kassel. Le perdono la vida sin importar las consecuencias. Había sido su mentor, la persona que lo protegió en este mundo tan peligroso, él había pasado la línea entre el bien y el mal muchas veces, pero acabar con la vida de su mentor, era un pecado que no estaba dispuesto a cargar en su conciencia, ni siquiera si eso significaba que su vida terminara en el preciso momento que se negara, pero El Círculo Negro no estaba dispuesto a dejarlo escapar tan fácilmente. En el callejón de Praga, con la nieve cayendo y el cañón aún caliente contra la piel de Helen, tomó la decisión en silencio. Disparó dos veces al aire, lo bastante cerca para que los micrófonos del Círculo captaran el sonido. Luego empujó a Helen hacia el coche negro y arrancó. Kassel quedó vivo, escondido en un sótano que solo Diego conocía. El rastreador seguía activo bajo su piel, pero el pendrive que ella le había entregado contenía un código de interferencia temporal. Diez horas. Suficient...

El precio de la lealtad

  El frío de Budapest se filtraba por las ventanas del ático incluso con la calefacción encendida. Diego Voss despertó con la boca seca y un dolor sordo en el cuello donde la aguja había entrado. Las esposas le cortaban la circulación de las muñecas. Helen estaba sentada frente a él, ya vestida con un jersey negro y pantalones ajustados, las piernas cruzadas, observándolo como quien estudia un animal peligroso que acaba de despertar. Con una frialdad que en cierta forma molestaba a Diego a verse en desventaja ante esa mujer tan misteriosa. Su mirada tranquila demostraba su temple, le resultaba irritante verse en desventaja ante una mujer que él consideraba su presa. —Bienvenido al Círculo Negro —dijo sin sonreír—. Tienes dos opciones. Trabajar para nosotros o desaparecer. No hay tercera. Espero tomes la mejor decisión no quisiera tener que eliminar a un elemento tan valioso y te aseguro que no dudare ni en segundo en hacerlo. Le inyectaron un rastreador subcutáneo en el anteb...

La recluta perfecta

 La nieve caía sobre Viena como una cortina lenta y silenciosa. Diego Voss observaba desde la ventana del bar del Hotel Sacher cómo los copos se derretían contra el cristal. Estaba tranquilo, esperando su momento para actuar. Tenía treinta y cuatro años, el cuerpo entrenado hasta el límite y una reputación dentro de la agencia que oscilaba entre “eficiente” y “problemático”. Esa noche su misión era sencilla en el papel: contactar a Helen Moreau, analista financiera de un banco privado suizo-austriaco sospechoso de mover dinero para un cártel de armas. Seducción, confianza, extracción de datos. Nada que no hubiera hecho antes. Era para él otra misión rutinaria, acostumbrado al peligro este tipo de misiones no le robaban la calma. La vio entrar a las 9: 17 P.M. Abrigo negro de lana, falda lápiz gris oscuro, tacones bajos. El cabello castaño recogido en un moño imperfecto que dejaba ver la nuca. No era la belleza estridente de las operativas de miel que la agencia solía desplegar. Era...

Propiedad de Thorne: Caida total

  La octava noche fue la que selló mi destino. Después del castigo de la noche anterior, mi cuerpo estaba marcado: nalgas rojas, pezones sensibles, sexo hinchado y todavía lleno de su semen. Pero lo que más me dolía era el corazón. Un sentimiento fuerza embriagaba por completo mi corazón. Ya no luchaba. Ya no quería huir. Solo quería rendirme por completo. El impulso de escapar había desaparecido, se había esfumado de la misma manera que había aparecido, un sentimiento diferente sentía dentro de mi corazón. Estaba en calma esperando la llegada de Julian Thorne esa noche, una tranquilidad inesperada para la tormenta que se había formado la noche anterior. Julian lo notó. Esa mañana, en vez de órdenes frías, me despertó con besos suaves por la espalda. Una caricia suave que me sorprendió gratamente. Me giró y me miró a los ojos con una intensidad que me desarmó. Era un cambio muy notorio con lo que me había demostrado la noche anterior. Espera tranquila lo que me iba a decir, esp...

El hotel

  Durante los tres días siguientes a la visita interrumpida, la atmósfera entre ambos se volvió una olla de presión a punto de estallar. Cada notificación en el teléfono de Valeria era un chispazo de adrenalina. Los mensajes que se enviaban a escondidas cargaban una corriente eléctrica que hacía que a Valeria le ardieran las mejillas en medio de sus rutinas diarias, descripciones explícitas de lo que Alex pretendía hacerle, fotos enviadas en la penumbra con el tiempo justo de ser borradas, y promesas de un encuentro donde no existieran muros delgados ni pisadas amenazantes en el pasillo. Alex estaba obsesionado con tenerla a solas, sin el espectro de su padre cruzando la puerta o la sombra del pasado asfixiándola. Valeria, por su parte, vivía midiendo cada paso. Tenía que planear la escapada con precisión quirúrgica para no levantar las sospechas de su familia, quienes aún la observaban con cautela tras la caótica ruptura con Marcos. Cada excusa debía ser perfecta, cada horario...

Propiedad de Thorne: El castigo que quema

 Un día más en la vida de Julian Thorne, el hombre que había cambiado mi vida, pero ya no todo no era perfecto, mi mente y mi cuerpo se encontraban distanciados y esa diferencia de objetivos estaba castigando mi alma lentamente. La decisión que iba a tomar podía cambiar todo y llevarme a una vida muy diferente de la que estaba viviendo, pero no estaba segura si era lo que realmente deseaba en ese momento., mi mente dudaba de mi actual situación. El día transcurrió rápido en esa mansión, la noche estaba por llegar y sabia que muy pronto él aparecería, por eso tenía que decidir rápidamente que decisión debo tomar con respecto a la vida con Julian Thorne. La séptima noche fue la primera vez que intenté rebelarme de verdad. La decisión estaba tomada. El secreto de Isabella me había envenenado y poco a poco ese veneno me estaba matando. Cada vez que Julian me tocaba, veía sus manos en el cuello de otra mujer. Cada vez que me susurraba “mía”, recordaba que había sido capaz de destruir a ...

La visita peligrosa

 Valeria aún sentía el peso de la ruptura con Marcos. Durante meses había aguantado humillaciones, gritos y desprecios que habían ido mermando su autoestima. Esa tarde, después de una pelea especialmente violenta donde él le gritó en la cara que era una inútil, algo dentro de ella la hizo despertar. Valeria por fin le dijo que todo había terminado. Cortó la llamada de golpe y bloqueó su número. Por primera vez en mucho tiempo respiró aliviada. Definitivamente ella tenía que alejarse de ese hombre que no le hacía nada bien a su persona, quedarse a su lado era una sentencia de muerte para su amor propio. Solo habían pasado unas horas cuando la pantalla de su celular volvió a encenderse, recibió un mensaje de Alex, su amigo de la secundaria que siempre la había mirado con deseo, solo que había fingido no darse cuenta por miedo o inmadurez.  “Hace mucho que no hablamos. ¿Te apetece que pase a verte y jugamos algo?”  Valeria sonrió. Sintiendo un cosquilleo desconocido. Aceptó....

Propiedad de Thorne: El secreto que sangra

 Los días pasaban en mi vida, estaba cansada, pero anhelaba cuando se hacia de noche en este lugar, era mi momento preferido de esta cárcel, no era una tortura de esas que te causan dolor, en mi mente y en mi cuerpo me causaban placer y era ese el motivo porque los días lejos del mundo exterior no me cansaban, pero como en cualquier historia o momento de la vida, no todo puede ser perfecto, había un detalle que me incomodaba desde que lo descubrí, era una duda simple, pero con el pasar del tiempo se volvía más grande y amenazaba lentamente con acabar es estado de paz y placer que actualmente me encontraba. La sexta noche en la mansión Thorne trajo la primera grieta real en mi rendición. Después de días de placer y posesión, el secreto que Julian ocultaba empezó a envenenarme. La mujer del retrato no salía de mi mente. Sus ojos, tan parecidos a los míos, me perseguían cada vez que cerraba los párpados. Acaso era ese parecido con la mujer de ese retrato que había hecho que Julian Tho...

Propiedad de Thorne: La obsesión que quema

 Después de aquella primera noche completa, algo dentro de mí se rompió de forma irreversible. Ya no era solo deseo físico. Era una obsesión que me consumía. Cada vez que cerraba los ojos veía a Julian: su mirada oscura, su pene grueso abriéndome, su voz susurrando que era suya. Me despertaba empapada, mi sexo palpitando, buscando su cuerpo incluso en sueños. Esa noche había abierto una caja de deseo que desconocía totalmente, esa hambre por el cuerpo de ese hombre me esta volviendo loca, en mis pensamientos solo existía mi deseo de complacerlo, de cumplir sus más oscuras fantasías, me estaba volviendo dependiente como si fuera una droga por el placer que me estaba causando con cada una de sus visitas en los anteriores días. Mientras dormía mi cuerpo se recuperaba de los castigos que me imponía Julian Thorne, era ese momento de paz que aprovechaba para recuperarme del cansancio, aún así deseaba que amaneciera, para someterme a los caprichos de Julian Thorne, ese era el deseo más fe...

Propiedad de Thorne: La primera vez

 La cuarta noche en la mansión Thorne marcó el punto sin retorno. Después de la sesión en la gran cruz, mi cuerpo ya no me pertenecía. El plug anal seguía dentro de mí, estirándome de una forma que me recordaba constantemente a quién obedecía. Mi trasero todavía ardía por las nalgadas, mis pezones sensibles por las pinzas, y sexo palpitaba vacío, desesperado por algo más que dedos y juguetes. La promesa que me hizo Julian Thorne me mantenía emocionada en cuerpo y alma, el día que estaba esperando por fin había llegado, la noche que cumpliría mi mayor fantasía, esa que tuve desde que supo que pertenecía a Julian Thorne, esperaba paciente que la puerta de mi habitación se abriera y él entrara a buscarme. Cuando esa puerta se abrió, mi cuerpo reacciono al unisonó, un sobresalto en todo mi cuerpo ante esa espera tan anhelada, cumpliría su promesa y por fin esta noche me penetraría sin descanso, me dejaría gozar sus embestidas y no controlar mi orgasmo, me tendió la mano sin decir una p...