Entradas

Mostrando las entradas de julio, 2026

La mujer en el mapa

  La lluvia en Ciudad de México no caía: se suspendía. Una llovizna fina y persistente que convertía los reflectores de los coches en manchas borrosas y hacía que el asfalto oliera a tierra mojada y aceite caliente. Adrián Varela observaba esa lluvia desde el tercer piso de un edificio de oficinas en la colonia Roma, con un vaso de mezcal sin tocar en la mano. Tenía treinta y seis años, la mandíbula marcada por una cicatriz fina que le cruzaba el lado izquierdo del mentón y la costumbre de no confiar en nadie que le ofreciera trabajo después de las diez de la noche. La llamada había llegado a las 10:14 P.M. Voz de mujer. Firme, con un leve acento que no era del todo mexicano ni del todo europeo. Había dicho su nombre, Selene Marchand, y había mencionado un objeto que Adrián juraba haber olvidado: un espejo de obsidiana con filigranas de oro que no correspondían a ninguna cultura catalogada. El Espejo de Ashara. Solo un puñado de personas en el mundo conocían ese nombre, y la ma...

Boss, de Eva Muñoz: una reseña desde la experiencia de una lectora

 Reseña invitada por  IG de BookTok _lover21 En mi blog de relatos  también quiero compartir las voces de otros lectores. Esta reseña fue escrita por una amiga, desde una cuenta nueva en instagram, el enlace a su cuenta al principio, quien me permitió publicarla aquí para que más personas puedan conocer su experiencia con Boss, de la autora colombiana Eva Muñoz. Si disfrutas el romance oscuro, los personajes complejos y los universos narrativos conectados, esta reseña puede darte una perspectiva muy completa antes de decidir si este libro es para ti. A continuación su reseña: Una mirada honesta al romance oscuro que la autora colombiana Eva Muñoz nos trae en Boss, donde su lema principal es ‘No te enamores de la presa’. No suelo quedarme pensando en un libro varios días después de terminarlo, pero con Boss me pasó exactamente eso. Lo curioso es que esta historia no empezó cuando abrí sus primeras páginas, sino dos años antes. En 2024, para mi cumpleaños número 25, mi herm...

Propiedad de Thorne: Amenaza externa

 La novena noche trajo el primer golpe real del mundo exterior. Era algo que ninguno de los dos esperaba. Hasta ese momento, la mansión Thorne había sido nuestro universo privado: placer, dolor, obsesión y devoción. Solo nosotros dos en este universo, solo rodeados de los sirvientes de Julian. Pero el pasado no se queda enterrado para siempre. Te busca en el lugar más alejado que te encuentres, para recordarte lo que habías jurado olvidar. Estábamos en la biblioteca. Julian me tenía inclinada sobre el escritorio, penetrándome lento y profundo mientras yo intentaba leer en voz alta un poema erótico. Su pene entraba y salía de mi sexo empapado con ritmo posesivo, sus manos apretando mis pechos. Disfrutaba sentir como su pene rozaba mis paredes, abriéndose paso en mi entrada para llegar a mi punto más profundo, esos movimientos me estaban volviendo loca, cada movimiento estremecía de placer. Me había corrido dos veces ya y estaba a punto de la tercera cuando sonó el timbre de la puer...

El último protocolo

  Moscú lo recibió como un activo de alto valor, no como un prisionero. Lo llevaron a un edificio sin nombre en las afueras, con paredes grises y ventanas que no se abrían. Le quitaron el rastreador antiguo y le implantaron uno nuevo, más sofisticado. Lo interrogaron durante horas con métodos limpios: privación de sueño, preguntas repetidas, imágenes de su pasado proyectadas en pantallas. Helen estaba presente en casi todas las sesiones. A veces tomaba notas. A veces solo lo miraba. Era una mera espectadora mientras Diego resistía las torturas y desafiaba a sus secuestradores con su mirada orgullosa. Por las noches la dejaban entrar en su celda. No había esposas. No había cámaras visibles. Solo ella, desnuda bajo un albornoz negro, y el silencio cargado entre ambos. La primera noche se limitó a tocarlo. Le recorrió el pecho con los dedos, bajó hasta su pene duro y lo masturbó con lentitud, mirándolo a los ojos. Sus movimientos eran lentos, pausados, pero aplicando la presión su...

Espejos rotos

  Diego no mató a Viktor Kassel. Le perdono la vida sin importar las consecuencias. Había sido su mentor, la persona que lo protegió en este mundo tan peligroso, él había pasado la línea entre el bien y el mal muchas veces, pero acabar con la vida de su mentor, era un pecado que no estaba dispuesto a cargar en su conciencia, ni siquiera si eso significaba que su vida terminara en el preciso momento que se negara, pero El Círculo Negro no estaba dispuesto a dejarlo escapar tan fácilmente. En el callejón de Praga, con la nieve cayendo y el cañón aún caliente contra la piel de Helen, tomó la decisión en silencio. Disparó dos veces al aire, lo bastante cerca para que los micrófonos del Círculo captaran el sonido. Luego empujó a Helen hacia el coche negro y arrancó. Kassel quedó vivo, escondido en un sótano que solo Diego conocía. El rastreador seguía activo bajo su piel, pero el pendrive que ella le había entregado contenía un código de interferencia temporal. Diez horas. Suficient...

El precio de la lealtad

  El frío de Budapest se filtraba por las ventanas del ático incluso con la calefacción encendida. Diego Voss despertó con la boca seca y un dolor sordo en el cuello donde la aguja había entrado. Las esposas le cortaban la circulación de las muñecas. Helen estaba sentada frente a él, ya vestida con un jersey negro y pantalones ajustados, las piernas cruzadas, observándolo como quien estudia un animal peligroso que acaba de despertar. Con una frialdad que en cierta forma molestaba a Diego a verse en desventaja ante esa mujer tan misteriosa. Su mirada tranquila demostraba su temple, le resultaba irritante verse en desventaja ante una mujer que él consideraba su presa. —Bienvenido al Círculo Negro —dijo sin sonreír—. Tienes dos opciones. Trabajar para nosotros o desaparecer. No hay tercera. Espero tomes la mejor decisión no quisiera tener que eliminar a un elemento tan valioso y te aseguro que no dudare ni en segundo en hacerlo. Le inyectaron un rastreador subcutáneo en el anteb...

La recluta perfecta

 La nieve caía sobre Viena como una cortina lenta y silenciosa. Diego Voss observaba desde la ventana del bar del Hotel Sacher cómo los copos se derretían contra el cristal. Estaba tranquilo, esperando su momento para actuar. Tenía treinta y cuatro años, el cuerpo entrenado hasta el límite y una reputación dentro de la agencia que oscilaba entre “eficiente” y “problemático”. Esa noche su misión era sencilla en el papel: contactar a Helen Moreau, analista financiera de un banco privado suizo-austriaco sospechoso de mover dinero para un cártel de armas. Seducción, confianza, extracción de datos. Nada que no hubiera hecho antes. Era para él otra misión rutinaria, acostumbrado al peligro este tipo de misiones no le robaban la calma. La vio entrar a las 9: 17 P.M. Abrigo negro de lana, falda lápiz gris oscuro, tacones bajos. El cabello castaño recogido en un moño imperfecto que dejaba ver la nuca. No era la belleza estridente de las operativas de miel que la agencia solía desplegar. Era...

Propiedad de Thorne: Caida total

  La octava noche fue la que selló mi destino. Después del castigo de la noche anterior, mi cuerpo estaba marcado: nalgas rojas, pezones sensibles, sexo hinchado y todavía lleno de su semen. Pero lo que más me dolía era el corazón. Un sentimiento fuerza embriagaba por completo mi corazón. Ya no luchaba. Ya no quería huir. Solo quería rendirme por completo. El impulso de escapar había desaparecido, se había esfumado de la misma manera que había aparecido, un sentimiento diferente sentía dentro de mi corazón. Estaba en calma esperando la llegada de Julian Thorne esa noche, una tranquilidad inesperada para la tormenta que se había formado la noche anterior. Julian lo notó. Esa mañana, en vez de órdenes frías, me despertó con besos suaves por la espalda. Una caricia suave que me sorprendió gratamente. Me giró y me miró a los ojos con una intensidad que me desarmó. Era un cambio muy notorio con lo que me había demostrado la noche anterior. Espera tranquila lo que me iba a decir, esp...

El hotel

  Durante los tres días siguientes a la visita interrumpida, la atmósfera entre ambos se volvió una olla de presión a punto de estallar. Cada notificación en el teléfono de Valeria era un chispazo de adrenalina. Los mensajes que se enviaban a escondidas cargaban una corriente eléctrica que hacía que a Valeria le ardieran las mejillas en medio de sus rutinas diarias, descripciones explícitas de lo que Alex pretendía hacerle, fotos enviadas en la penumbra con el tiempo justo de ser borradas, y promesas de un encuentro donde no existieran muros delgados ni pisadas amenazantes en el pasillo. Alex estaba obsesionado con tenerla a solas, sin el espectro de su padre cruzando la puerta o la sombra del pasado asfixiándola. Valeria, por su parte, vivía midiendo cada paso. Tenía que planear la escapada con precisión quirúrgica para no levantar las sospechas de su familia, quienes aún la observaban con cautela tras la caótica ruptura con Marcos. Cada excusa debía ser perfecta, cada horario...