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Mostrando las entradas de junio, 2026

Propiedad de Thorne: La primera noche (Nueva versión)

 Decidi reescribir Propiedad de Thorne, espero les guste esta versión  Mi destino estaba sellado, por una deuda había terminado siendo la propiedad de Thorne, de Julian Thorne, él no había dudado ni un segundo en cobrar esa deuda y que mi cuerpo fuera su paga, por eso mi llegada a esa mansión fue en un abrir y cerrar los ojos. Ese hombre no admitía un no por respuesta y mi padre buscaba una manera de solucionar ese enredo que por apuestas se había buscado. No tuve tiempo de opinar, ni decidir, pero en el fondo no me desagrada esta nueva vida, ese hombre tenía una oscuridad de la cual me sentía tan atraída desde que lo conocí, aunque nunca había sido mi intención confesar ese detalle.   La primera noche en la mansión Thorne fue una lección brutal sobre la pérdida absoluta de control. Julian me condujo a través de pasillos interminables donde la oscuridad parecía tener vida propia, era como si sintiera una presencia respirando contra mi nuca. Cada paso resonaba en el má...

Caña y sangre: Corona de espinas

 La primera semana del nuevo orden en la provincia transcurrió bajo un cielo grisáceo que parecía aplastar los tejados de la capital. En los despachos del palacio, el tintineo de las tazas de porcelana importada y el raspar de las plumas de ganso sobre el papel sellado pretendían devolver la normalidad a una administración que aún olía a pólvora y caña quemada. Los decretos reales de liberación general para los barracones altos, aquellos que Jazmín me había arrancado como tributo por su lealtad, descansaban en el centro de mi mesa de caoba, validados por mi firma legal y el sello de cera roja de la gobernación. Observaba el documento con una concentración clínica, manteniendo mi bastón de mando con empuñadura de plata apoyado contra la rodilla. Políticamente, la jugada era perfecta. Al liberar a la mano de obra del norte y pacificar a los cimarrones a través de la influencia de su nueva reina, había conjurado una guerra civil que habría destruido las finanzas de la Corona y mi prop...

Caña y sangre: El eco de las lámparas apagadas

 La primera noche del nuevo régimen en la capital provincial trajo una calma siniestra, espesa y fría como el sudor que se enfriaba en mi piel morena. Tras la retirada de los cimarrones hacia los cuarteles del norte y la limpieza apresurada del gran salón de baile, el Palacio Presidencial se había sumido en un silencio de tumba, roto únicamente por el silbido del viento marino que se colaba por las vidrieras rotas. En el suelo de mármol, justo donde la trayectoria de mis zapatos de raso cruzaba el estrado, una mancha oscura y persistente se resistía a desaparecer a pesar de los esfuerzos de las sirvientas: la sangre de Baltasar, el semental revolucionario cuya espina dorsal y pecho firme yo misma había quebrado con la daga de plata de Leticia para comprar mi derecho absoluto al trono. Me encontraba en mis nuevos aposentos de Primera Dama y Gobernadora de facto, de pie frente al gran espejo con marco de pan de oro que reflejaba mi transformación definitiva. Me despojé de los retazos...

La tormenta en la cabaña

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 Elena miro su reloj. Su corazón se aceleró, faltaban solo unos minutos. Se despidió de todos de manera muy efusiva. Por fin habían llegado sus esperadas vacaciones, salió de su oficina sin mirar hacia atrás. Entro a su departamento para recoger sus maletas, se aseguro de dejar todo cerrado. Suspiro al guardar sus maletas en el maletero de su auto. Era libre de sus obligaciones por un mes, había decidido irse a una cabaña en una montaña para olvidar todas sus preocupaciones. Encendió su auto y manejo rumbo a su destino, pero no todo fue color de rosas.  Apenas entro a la montaña, una lluvia torrencial comenzó a caer como si el mundo se fuera a inundar, nublando su vista de la carretera completamente. Elena conducía bajo la lluvia torrencial cuando su auto patinó y se detuvo en medio de la nada. Empapada y temblando, corrió hasta la única luz visible: una cabaña de madera en las montañas. Golpeó la puerta con fuerza. La puerta se abrió. Ante ella apareció un hombre alto, de hom...

Caña y sangre:El precio del trono

 Tomar la hacienda de Don Jorge fue un juego de niños, con su capataz principal Sergio muerto, los otros huyeron ante la agresividad de mis hombres. Don Jorge de rodillas suplico por su vida, las lagrimas resbalaron por sus mejillas, en una muestra de que ese hombre no tenia control de su cuerpo. Verlo suplicar ante la esclava, ante la negra que quiso humillar para cumplir los caprichos de su hija, fue una gran victoria. Baltasar no pudo contenerse, lo golpeo con fuerza para hacerlo caer de rodillas. Don Jorge suplico por su vida, por un perdón que no merecía salir de esos labios que solo le interesaba el dinero. Hice un gesto con mi cabeza y Baltasar ejecuto mi orden silenciosa sin ningún remordimiento, la vida de Don Jorge escapo de su cuerpo debido a ese esclavo que tenia como semental, esa bestia corpulenta se había convertido en el arma de mi venganza y ahora mi otro objetivo era mi próximo blanco: El gobernador Sebastián Montenegro. El avance de los cimarrones hacia el norte ...

Caña y sangre:La emboscada del río

 El rumor de los tambores de la montaña descendía por las laderas con la persistencia de una marea nocturna, un sonido grave y vibrante que hacía estremecer las raíces mismas de los sauces llorones. Agachada junto a la corriente del río, observaba el reflejo de la luna difusa en el agua cristalina. La calma fría de mi cerebro trabajaba a mil revoluciones por minuto, calculando los tiempos del enemigo sobre el tablero de tierra y sangre que era ahora la provincia. A mi lado, Baltasar respiraba con dificultad, con el torso desnudo cubierto por los vendajes de lino tosco que apenas lograban contener la hemorragia de su lomo desgarrado; su contextura corpulenta, por primera vez, flaqueaba bajo el peso de la fiebre y el dolor físico que sentía debido a todos los azotes que había recibido, su resistencia estaba mermada, pero aún así intentaba mostrarse fuerte a mi lado. El semental indomable de la hacienda era una pieza valiosa para la rebelión, el brazo armado que encendería los barraco...

Caña y sangre: Los tambores de la montaña

 El agua fría del río me ardía en la espalda como si en lugar de corriente de agua limpia bajaran hilos de plomo derretido sobre mi cuerpo lastimado, era un castigo solo intentar moverme bajo esas condiciones. Tendido boca abajo sobre el lecho de piedras, oculto bajo el manto espeso de los sauces llorones, sentía el jadeo ronco de mi propio pecho disputándole cada bocanada de aire a la muerte. La carne de mi espalda corpulenta estaba hecha jirones; las líneas rojas y pegajosas que Sergio me había cruzado con su látigo de cuero grueso se abrían con el roce del agua, tiñendo de un matiz purpúreo las pozas cristalinas del oasis escondido. Sin embargo, el dolor físico no era más que un ladrido sordo comparado con el rugido de furia revolucionaria que me quemaba por dentro. Me habían arrastrado al poste de los castigos como a una res insubordinada, me habían hecho doblar las rodillas ante toda la dotación de esclavos, pero no habían logrado romperme el espinazo de cimarrón. Mi alma segu...