Propiedad de Thorne: La primera noche
La primera noche en la mansión Thorne fue una lección brutal sobre la pérdida absoluta de control. Julian me condujo a través de pasillos interminables donde la oscuridad reinaba, respirando contra mi nuca. Cada paso resonaba en el mármol frío y el aire estaba cargado de madera antigua, cera de vela y ese olor suyo: whisky añejo, cuero y algo más oscuro, más salvaje, que ya me estaba mojando mi panty ante mis pensamientos pervertidos. Me llevó hasta una habitación suspendida en el tiempo. Solo una silla de terciopelo carmesí en el centro, iluminada por un rayo plateado de luna que entraba por una ventana alta, como un foco sobre un escenario de depravación. —Siéntate —ordenó. Su voz grave no admitía réplica. Mis rodillas cedieron antes de que mi orgullo pudiera protestar. Al hundirme en el terciopelo suave, sentí el roce sedoso de las cintas de seda negra que él sacó del bolsillo. Con movimientos precisos, me sujetó las muñecas a los apoyabrazos. La seda no apretaba, pero su peso ...