Temporada de verano:El comienzo

 Había llegado el verano, recién cumplía mis 18 años, me llamo Cristina, mi mejor amiga Emily me había invitado a pasar todo el verano en su casa de playa. Decidí aceptar para relajarme, divertirme porque después del verano entraría a la universidad. Mi tiempo sería muy escaso, ella también había invitado a su primo Mauricio, un joven alto de 20 años, el típico chico malo a juzgar por su apariencia, Según Emily su mamá había aceptado recibirlo para alejarlos de los problemas en donde vivía, al parecer se había metido con una mujer casada y el esposo de la mujer quería vengarse.

Desde su llegada a la casa todo cambio, Mauricio destilaba sensualidad, tenía un buen cuerpo formado por practicar deportes que no dudaba en mostrar. Su personalidad picara contrastaba con mi aire inocente, hasta ese momento mis únicas experiencias con chicos se las debía a mi único novio de la infancia. Una relación bastante normal que había terminado hace un año, donde solo algunas sesiones de besos a escondidas. Eran mi única experiencia sexual hasta la fecha. Con Mauricio todo fue diferente, los padres de Emily se pasaban el día trabajando. Solo teníamos su compañía muy tarde en las noches, los tres pasábamos todo el día paseando por el lugar, a veces divirtiéndonos en la piscina que tenía la casa de Emily o en la playa.

Mi primera gran sorpresa fue a los días de la llegada de Mauricio. Emily y yo estábamos en su cuarto. Donde me probaba unos vestidos que ella había decidido regalarme si me quedaban. Eran unos vestidos muy bonitos por eso decidí probármelos, Emily había ido a tomar agua mientras me había quedado en su habitación. Me ajustaba el vestido blanco a las caderas cuando la puerta se abrió. No fue un accidente, fue una entrada lenta, deliberada. Mauricio no aparto la vista. Pude sentir su mirada como un rastro de fuego recorriendo mi cuerpo semidesnudo. El aire en la habitación se volvió pesado, me era difícil respirar.

—No te preocupes, Cristina—dijo con esa voz firme que me hizo temblar—. No es la primera vez que veo a una chica en ropa interior. Pero debo admitir que tu cuerpo es…provocativo.

 Sus palabras no eran una disculpa, eran una declaración de intenciones que me erizó los vellos de la piel. Me sentí completamente expuesta ante él

—Eres un abusivo—logre responder, al calmar un poco las sensaciones de mi cuerpo

Mauricio me sonrió antes de cerrar la puerta, no sin darle otra mirada a mi cuerpo. Una mirada que volvía a causar sensaciones que no podía controlar. Estaba molesta, pero en el fondo me sentí extraña. No podía sacar de mi mente la forma en que me miro, como si me devorara con su mirada, en mi cuerpo sentía un sentimiento muy diferente al que había experimentado antes.

Al regresar Emily fingí que nada había pasado, ignoré a Mauricio los días siguientes, pero él estaba dispuesto a alterar mi tranquilidad. Uno de esos días terminaba de bañarme cuando me toco la puerta apurándome. Molesta le abrí, entro sin darme tiempo a que saliera. Ante mi sorpresa

—Esperabas encontrarme desnuda. No siempre es navidad, Mauricio—le dije con un tono irónico.

—Cristina no te queda al sarcasmo, además me siento culpable—Camino unos pasos hacia mi—. Verte desnuda hubiera sido una verdadera delicia.

—¿Por qué te sientes culpable? —pregunte, aunque mi voz me traiciono con un hilo de inocencia.

—No es justo que yo te haya visto así y tú no a mí. Voy a equilibrar la balanza—respondió.

El sonido de su ropa cayendo al piso resonó en el pequeño baño como un trueno. Mi corazón golpeaba mi pecho amenazando con escapar. Mi mirada traidora, bajo por su pecho bien formado hasta su entrepierna. Lo vi crecer, reclamando mi atención, grueso y largo. Me quede congelada, no por miedo, sino por un deseo oscuro que nunca había sentido

—Perdóname, creo que mi pene es muy sensible ante tu presencia—esas palabras me volvieron a la realidad.

—¡Eres un pervertido! —salí del baño corriendo hacia el cuarto.

Al cerrar la puerta, mis manos temblaban sin control. Un calor repentino elevaba mi temperatura. No pude quitarme esa imagen de mi cabeza, era la primera vez que veía un pene erecto, antes solo en videos que me compartían mis amigas. Me regañe como si fuera otra persona. Desde ese día fantasías prohibidas pasaron por mi mente. Deseaba a Mauricio. No podía negarlo.

—¿Estás distraída? Cristina—los ojos de Emily no pestañeaban— Te noto muy callada.

—No te preocupes, son tonterías mías—le sonreí mientras tomaba un jugo— Salgamos a caminar, necesito distraerme.

Emily no me pregunto más. Al día siguiente Emily decidió pasar toda la tarde en la piscina. Yo me encontraba en el cuarto porque no decidía, que vestido de baño usar. Uno en especial me llamaba la atención, pero era muy atrevido. De color amarillo, se ajustaba a mi cuerpo, en especial en mis nalgas que era la parte de mi cuerpo que más sobresalía. Tome una decisión, iba a usarlo, aunque Mauricio me comiera con la mirada. Un leve escalofrió recorrió mi cuerpo al imaginar la situación

Me puse el vestido de baño, Caminé a la piscina. Emily y Mauricio jugaban con una pelota inflable. Mauricio me miro apenas llegue. Disimulé que no me di cuenta. Emily salió de la piscina s buscar unas cervezas en la cocina. Mauricio se me acerco. Mi pulso se aceleró de inmediato. Sentí su cercanía en mi espalda. Mis vellos se erizaban.

—Tienes un cuerpo para volver loco a cualquier hombre. No puedo dejar de mirar esas nalgas tan provocativas que tienes—me susurro al oído mientras se pegaba a mi cuerpo por detrás.

—¿Qué haces? Emily puede volver en cualquier momento—le reclame, mientras mi cuerpo se temblaba,

Podía sentir su erección presionar mis nalgas. Mauricio coloco sus manos en mi cintura. Mis piernas no se movían. Mi cuerpo había traicionado a la razón. Me atrajo contra él. Su respiración caliente en mi cuello me causaba muchas sensaciones. Mis manos temblaban. Logre apartarlo temiendo que Emily regresara a la piscina.

Mauricio se mantuvo cerca de la pared. Al pasar a su lado, él atrapo mi mano y me atrajo hacia su cuerpo. Me beso. Un beso que me dejo sin aliento, mi boca era invadida por su intensidad mientras sus manos acariciaban mi cuerpo. Me pego contra la pared mientras me seguía besando la boca. Su beso era tan intenso y delicioso que no opuse resistencia. Sus manos me acariciaban los pechos, con movimientos circulare. Sus manos masajearon mis pechos por completo. mis pezones se erectaron al sentir sus caricias por encima de la tela de mi vestido de baño.

Sus besos bajaron a mi cuello. Mi cuerpo se estremecía con cada caricia. Una de sus manos acaricio mis muslos, subiendo lentamente hasta jugar con sus dedos en mi ombligo. Un escalofrió repentino recorrió mí columna. Su mano fue más atrevida, en un rápido movimiento metió su mano completamente en la parte inferior de mi vestido de baño. Sus dedos buscaron mi entrada. Causando un estremecimiento en mis labios vaginales, La temperatura en mí cuerpo empezaba a aumentar. Ese jugueteo provocador en mi entrada con la yema de sus dedos aumentaba mi deseo. Esos besos intensos sobre mi sensible cuello. Los dedos de su otra mano metiéndose sobre la parte superior de mi vestido de baño para acariciar la punta mi pezón. Todas esas caricias me habían llevado a un estado que no había experimentado con ningún hombre.

—¿Cristina donde te has metido? ¿Puedes ayudarme con las cervezas? —la voz de Emily me regreso a la realidad, dándome la fuerza suficiente para apartarme de Mauricio.

Ayude a Emily y regrese a la piscina mientras mi cuerpo aun temblaba. Mis labios ardían de esos besos que había recibido. Mi cuerpo estaba caliente. La humedad de mi vagina se disimulaba gracias al agua de la piscina. Deseaba a Mauricio, lo quería dentro de mí. No estaba segura que causaba ese deseo si ese deseo, si en verdad quería ser poseída por ese hombre. Mauricio me excitaba. No podía dejar de mirarlo, mi deseo había despertado. Solo quería a solas con él y continuar lo que había empezado en esa piscina. Pero la presencia de Emily me contuvo. Al salir de la piscina fui a mi cuarto. Esa noche tuve sueños tan pervertidos que no pude evitar despertarme, para relajarme. me masturbe buscando apagar el fuego que Mauricio había despertado. Experimentando una de mis mejores sesiones de masturbación en mi vida. Antes lo había hecho por curiosidad, pero no había lograda tanta excitación como esa noche.

Había entrado en un juego peligroso con Mauricio. Un juego que amenazaba con quemarme. Lo sorprendente que por primera vez en mi vida no me importaba quemarme. Caer en ese juego de pecado con el primo de mi amiga Emily. Mauricio había despertado en mi cuerpo, una calentura que crecía a cada interacción que tuviera con él. Mientras recuperaba mi respiración. Me sorprendí que lo había dejado manosear mi cuerpo. No puse resistencia, sino fuera por Emily que me distrajo, posiblemente Mauricio me hubiera usado a su antojo y saber eso me tenia más caliente. Decidí dormir y ver que pasaría mañana entre los dos.


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