La tormenta en la cabaña

 Elena miro su reloj. Su corazón se aceleró, faltaban solo unos minutos. Se despidió de todos de manera muy efusiva. Por fin habían llegado sus esperadas vacaciones, salió de su oficina sin mirar hacia atrás. Entro a su departamento para recoger sus maletas, se aseguro de dejar todo cerrado. Suspiro al guardar sus maletas en el maletero de su auto. Era libre de sus obligaciones por un mes, había decidido irse a una cabaña en una montaña para olvidar todas sus preocupaciones. Encendió su auto y manejo rumbo a su destino, pero no todo fue color de rosas. 

Apenas entro a la montaña, una lluvia torrencial comenzó a caer como si el mundo se fuera a inundar, nublando su vista de la carretera completamente. Elena conducía bajo la lluvia torrencial cuando su auto patinó y se detuvo en medio de la nada. Empapada y temblando, corrió hasta la única luz visible: una cabaña de madera en las montañas. Golpeó la puerta con fuerza.

La puerta se abrió. Ante ella apareció un hombre alto, de hombros anchos, sin camisa, con el torso marcado por músculos duros y algunas cicatrices. Sus ojos oscuros la recorrieron de arriba abajo.

—Pasa —dijo con voz ronca.

—Gracias—alcanzo a decir Elena.

Era una cabaña amplia, con una gran chimenea que calentaba el lugar. Una mesa de dos sillas, todo ordenado. A pesar de su distracción ella no podía apartar la mirada del cuerpo del extraño que le había abierto la puerta. 

—Tienes toda la ropa mojada, es mejor que te la cambies para evitar un resfriado. Me llamo Lucas, entre mis cosas tengo una camisa larga que puede servirte, porque no tengo ropa de mujer en esta cabaña.

Los ojos de Lucas se posaron por primera vez en Elena, no era una mirada cortes, era una mirada de hambre, con una intensidad que ella podía sentir una leve sensación en su cuerpo como si la pudiera tocar con la mirada. La respiración de Elena se entrecortaba con solo mantener su mirada fija en esos ojos tan intensos.

Lucas salió hacia su cuarto, ella no pudo evitar bajar su mirada, suspiro al ver su trasero, definitivamente ese extraño era la tentación andante, solo tenia unos minutos de conocerlo y le había causado sensaciones más intensas que su ultimo exnovio, lo vio regresar con una camisa en su mano.

 Lucas le dio una de sus camisas de franela, que le llegaba a mitad del muslo. Al quitarse la ropa mojada, no pudo evitar sentirse expuesta al tener la mayoría de la piel de sus muslos desnuda ante la intensa mirada de ese extraño.

—Ven, acércate para que calientes tu cuerpo cerca de la chimenea—la llamo Lucas haciendo un ademan con su mano.

Elena se acercó obedientemente hacia Lucas. Su cuerpo temblaba aún por toda la lluvia que había caído sobre su cuerpo

—Acércate a mí, no tengas pena, sentirás más calor.

Elena se acerco tanto que estaba segura que podía sentir el calor corporal de Lucas, en un movimiento involuntario de él, sus dedos rozaron la piel fría de Elena. Ella sintió un escalofrío que no era solo de frío. Se sentaron frente al fuego con una botella de whisky. La conversación fluyó: ella habló de su vida estresante en la ciudad, él respondió con frases cortas pero profundas. Era increíble pensó ella, podía hablar con ese extraño de manera tan fluida que se había olvidado de la vergüenza que sentía al tener sus muslos tan expuestos a las intensas miradas de Lucas, esa conversación la relajo, creo una comodidad tan inesperada.

 Sus miradas se cruzaban cada vez más tiempo. De repente, Lucas puso su mano grande sobre la de ella. El color de su mano le causo un cortocircuito, era un roce leve, pero a pesar de eso su piel reaccionaba con tanta celeridad ante ese contacto.

—No deberías mirarme así —susurró Elena.

—Llevo mirándote así desde que abriste la puerta —respondió él.

El beso fue brusco y hambriento. Lucas la levantó como si no pesara nada y la apoyó contra la pared de troncos. Sus manos fuertes subieron por sus muslos, apartando la camisa. Elena gimió cuando sintió sus dedos callosos rozar su cintura, ascendiendo con voracidad hacia sus pechos, los apretó de manera posesiva, el cuerpo de Elena la sacudían leves descargas eléctricas. Lucas los acariciaba con intensidad y de manera posesiva. Halo sus pezones haciéndola suspirar, antes que esas manos fuertes bajaran por su cintura. Metiéndose sin pedir permiso dentro de su ropa interior para con movimientos precisos, acariciar el ardiente sexo de Elena.

Ella arqueo la espalda al sentir como esos dedos invadían su intimidad con tanto deseo, esas caricias humedecieron su sexo, despertaron al deseo a su clítoris que se inflamo con sentir el roce de los dedos, dos de ellos se introdujeron en el sexo de Elena haciéndola gemir levemente, los besos se volvieron más intensos, la boca de Lucas bajo hacia el cuello de ella, marcando un camino de besos hacia sus pechos, los atrapo con su boca. Succionándolos con dureza arranco un gemido más fuerte de Elena que arqueaba al sentir esa sensación tan intensa en sus pechos y como esos dedos se movían más rápido dentro de su sexo, causándole que estuviera completamente empapada del deseo provocada de esas intensas caricias.

Lucas la llevó hasta la gruesa alfombra frente al fuego. Le quitó la camisa por completo y se arrodilló entre sus piernas. Su lengua experta lamió sus labios vaginales con experta maestría. Laura abría sus piernas para darle todo el espacio necesario para que la acariciara con tan hambre de su cuerpo. Esa lengua incansable no paraba de acariciarla por toda su vagina. Ella se mordía los labios con cada lengüetazo en su sexo. Lucas quería hacerla gemir con más fuerza. Buscó su clítoris hinchado con hambre, introduciendo dos dedos gruesos en su interior empapado. Elena arqueó la espalda, agarrando su cabello negro mientras gritaba de placer. Lucas alternaba las caricias de su boca con los movimientos de sus dedos llevando a Elena a un nivel de placer que nunca antes había experimentado.

—Que rico… Lucas… no pares…

Él no paró. La chupó y la penetró con los dedos hasta que ella tuvo un orgasmo intenso, que la dejo temblando y mojando la cara de él, debido a la intensidad de su venida. Después, Elena se puso de rodillas, bajó los pantalones de Lucas y liberó su pene grueso y duro, venoso y palpitante. Lo tomó con ambas manos y la metió en su boca caliente, chupando con ganas mientras lo miraba a los ojos. Lucas gruñó y sostuvo su cara para penetrarla a su antojo con movimientos controlados pero profundos. Ella disfrutaba como la dominaba, se sentía como una puta, por entregarse a ese extraño que conoció solo hace menos de una hora. 

Ella no era una mujer fácil, que regalara su cuerpo con tanta rapidez, pero Lucas había despertado en ella un deseo casi animal. Un deseo primitivo que no tenía una explicación lógica. Solo necesitaba ser saciado al ser poseído su cuerpo. Si se había convertido en una puta lo estaba disfrutando completamente y no se arrepentía de abrirle las piernas a Lucas. No aguantaron más. Lucas la colocó a cuatro patas y la penetró de una sola estocada profunda. Elena gritó de placer mientras sentía cómo su pene grueso la llenaba por completo. Empezó a penetrarla con fuerza, sus caderas chocando contra su cuerpo caliente, el sonido húmedo de piel contra piel mezclándose con la tormenta. Eran un sonido tan caliente como provocador, un sonido que despertaba al deseo a ambos cuerpos.

No paraba de penetrarla, con tanto vigor y profundidad, Lucas estaba desbocado por el deseo, las embestidas era tan intensas que hacían gemir con fuerza a Elena, que el sonido de placer inundaba completamente la cabaña. Ambos tenían hambre de sus cuerpos. El Cambió de posición: la puso encima, y Elena cabalgó su pene con movimientos salvajes, sus pechos rebotando mientras él apretaba sus pezones. Se volvieron a besar mezclando sus lenguas en una batalla que ninguno quería perder. Elena se movía en círculos para aumentar el placer que ambos sentían.

Después la penetro por detrás otra vez, más duro, tirando de su cabello. Dejando se llevar por sus instintos primitivos, Lucas la penetro como si no existiera el mañana, llevando a Elena al limite de deseo. Un umbral que su cuerpo no podía soportar

—Quiero correrme dentro —gruñó Lucas.

—Sí… lléname… —suplicó ella.

Con un último empujón profundo, Lucas explotó, inundando su sexo con chorros calientes de su deseo, mientras Elena tenía otro orgasmo intenso, contrayéndose alrededor de su pene. Su mente quedo en blanco mientras su cuerpo experimentaba varios espasmos de placer que la dejaron agotada y satisfecha, dejando caer su cuerpo al piso mientras recuperaba el aliento.

Al amanecer, la tormenta había pasado. Estaban desnudos y enredados en la cama. Lucas acariciaba su espalda con suavidad. El momento de intensidad se había calmado, ahora eran dos cuerpos abrazados que disfrutaban su cercanía.

—Quédate unos días —murmuró.

Elena sonrió y lo besó. Quizás la tormenta no había terminado del todo. Y hoy era el comienzo de una tormenta que se desataría durante todas sus vacaciones. Era una locura si lo analizaba con lógica, pero siempre había un momento de nuestras vidas donde cometer una locura nos podía cambiar la vida.






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