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Luna de caza: La tercera noche

 La tercera noche llegó como una tormenta que llevaba horas gestándose. Después de la segunda noche, donde ese alfa llamado Kael me había mantenido unida a él durante casi una hora, apenas pude caminar. Mi cuerpo estaba marcado: mordidas visibles en el hombro y el cuello, moretones en las caderas, y entre mis piernas una sensibilidad constante que hacía que cada roce de la tela de mis pantalones fuera una tortura placentera. Su semen se había secado en mis muslos y aún sentía cómo palpitaba mi vagina, vacía y ansiosa al mismo tiempo. Ese hombre lobo había despertado en mi cuerpo un deseo que hasta ese momento era desconocido. Ahora crecía en mi interior como una llama que ardía sin control. Durante todo el día intenté razonar. Recogí datos, revisé mis notas, me repetí una y otra vez que esto era una alucinación causada por alguna planta o esporas del bosque. Pero cada vez que cerraba los ojos veía esos ojos dorados, sentía su gruñido vibrando contra mi espalda y recordaba la forma ...

Luna de caza: La segunda noche

 La mañana después de la primera noche llegó como un sueño eterno. Me desperté sola en mi tienda, el cuerpo dolorido y marcado por la reciente batalla llena de pasión, el recuerdo de esa noche aún tenía mi cuerpo sensible. Entre mis muslos sentía aún el eco de Kael, un palpitar constante y profundo, como si mi propia vagina se negara a olvidar cómo me había sido poseída. Tenía marcas de dientes en el hombro, no lo suficiente para romper la piel, pero sí para que se vieran claramente y un moretón suave en la cadera donde sus dedos se habían clavado con fuerza posesiva. Era una locura lo que había pasado la noche anterior, pero por algo que no podía explicar deseaba repetirlo, deseaba volver a encontrarme con ese alfa, volver a sentir el calor de su piel. Sus caricias, su calor, ese aire dominante que me enloqueció, esos sentimientos se acumulaban en mi cuerpo y me abrumaban de una manera que me estaba enloqueciendo lentamente. Todos esos pensamientos me sorprendían, no me considerab...

Luna de caza

 —¡Marta estas loca! Ir a ese bosque es un peligro de muerte—le regaño Ricardo Marta era una bióloga especializada en lobos, que quería ir al bosque de Blackpine, un bosque muy popular por la presencia de hombre lobos, Ricardo era su mano derecha se encargaba de administrar los recursos que ella había heredado de su familia. —Consígueme un guía y dos hombres que me apoyen con mis cosas—Ella tomo un cigarrillo y lo encendió—. Ese bosque es una oportunidad única, no puedo ser una especialista en lobos sin haber visto antes a un hombre lobo. —No me hare responsable por lo que te pasé, le hice una promesa a tu padre de cuidarte de tus locuras. —Es mi pasión, compréndeme—Ella dio un sorbo a su cigarrillo. —. Ese bosque tiene manadas únicas de hombres lobos, se que son peligrosos, pero se cuidarme. —Dame una semana, conseguiré lo que buscas, pero no te arriesgues más de lo necesario. Ricardo termino cediendo, tendría que hacer uso de sus contactos para conseguir al mejor guía de Blackpin...

Caperucita roja: El bosque prohibido

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 La aldea de Verden siempre olía a madera quemada y tenía un aire muy religioso, para Elena, el rojo de su capa no era un color de protección, sino una marca de fertilidad que los hombres del pueblo vigilaban con recelo, aquella mañana, el aire de verano era un bálsamo a su espíritu, y el sendero que se adentraba en el bosque de pinos negros parecía exhalar un aire espeso que invitaba a perderse en un mundo diferente, existían muchos rumores de ese bosque en su aldea, que lo rondaba un lobo que era la perdición de las jovencitas de la edad de Elena, 18 años, por eso muchos aldeanos tenían estrictamente prohibido usar el camino que pasaba los límites del bosque, en especial caminar en solitario, pero Elena siempre tuvo la tentación de por lo menos una vez en su vida romper las reglas, así que un día ignorando todas las advertencias tomo ese camino a solas para visitar a su abuelita. Al cruzar el límite del bosque, Elena experimentó una vibración en el bajo vientre. sabía que él esta...