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El último protocolo

  Moscú lo recibió como un activo de alto valor, no como un prisionero. Lo llevaron a un edificio sin nombre en las afueras, con paredes grises y ventanas que no se abrían. Le quitaron el rastreador antiguo y le implantaron uno nuevo, más sofisticado. Lo interrogaron durante horas con métodos limpios: privación de sueño, preguntas repetidas, imágenes de su pasado proyectadas en pantallas. Helen estaba presente en casi todas las sesiones. A veces tomaba notas. A veces solo lo miraba. Era una mera espectadora mientras Diego resistía las torturas y desafiaba a sus secuestradores con su mirada orgullosa. Por las noches la dejaban entrar en su celda. No había esposas. No había cámaras visibles. Solo ella, desnuda bajo un albornoz negro, y el silencio cargado entre ambos. La primera noche se limitó a tocarlo. Le recorrió el pecho con los dedos, bajó hasta su pene duro y lo masturbó con lentitud, mirándolo a los ojos. Sus movimientos eran lentos, pausados, pero aplicando la presión su...

Espejos rotos

  Diego no mató a Viktor Kassel. Le perdono la vida sin importar las consecuencias. Había sido su mentor, la persona que lo protegió en este mundo tan peligroso, él había pasado la línea entre el bien y el mal muchas veces, pero acabar con la vida de su mentor, era un pecado que no estaba dispuesto a cargar en su conciencia, ni siquiera si eso significaba que su vida terminara en el preciso momento que se negara, pero El Círculo Negro no estaba dispuesto a dejarlo escapar tan fácilmente. En el callejón de Praga, con la nieve cayendo y el cañón aún caliente contra la piel de Helen, tomó la decisión en silencio. Disparó dos veces al aire, lo bastante cerca para que los micrófonos del Círculo captaran el sonido. Luego empujó a Helen hacia el coche negro y arrancó. Kassel quedó vivo, escondido en un sótano que solo Diego conocía. El rastreador seguía activo bajo su piel, pero el pendrive que ella le había entregado contenía un código de interferencia temporal. Diez horas. Suficient...

El precio de la lealtad

  El frío de Budapest se filtraba por las ventanas del ático incluso con la calefacción encendida. Diego Voss despertó con la boca seca y un dolor sordo en el cuello donde la aguja había entrado. Las esposas le cortaban la circulación de las muñecas. Helen estaba sentada frente a él, ya vestida con un jersey negro y pantalones ajustados, las piernas cruzadas, observándolo como quien estudia un animal peligroso que acaba de despertar. Con una frialdad que en cierta forma molestaba a Diego a verse en desventaja ante esa mujer tan misteriosa. Su mirada tranquila demostraba su temple, le resultaba irritante verse en desventaja ante una mujer que él consideraba su presa. —Bienvenido al Círculo Negro —dijo sin sonreír—. Tienes dos opciones. Trabajar para nosotros o desaparecer. No hay tercera. Espero tomes la mejor decisión no quisiera tener que eliminar a un elemento tan valioso y te aseguro que no dudare ni en segundo en hacerlo. Le inyectaron un rastreador subcutáneo en el anteb...

La recluta perfecta

 La nieve caía sobre Viena como una cortina lenta y silenciosa. Diego Voss observaba desde la ventana del bar del Hotel Sacher cómo los copos se derretían contra el cristal. Estaba tranquilo, esperando su momento para actuar. Tenía treinta y cuatro años, el cuerpo entrenado hasta el límite y una reputación dentro de la agencia que oscilaba entre “eficiente” y “problemático”. Esa noche su misión era sencilla en el papel: contactar a Helen Moreau, analista financiera de un banco privado suizo-austriaco sospechoso de mover dinero para un cártel de armas. Seducción, confianza, extracción de datos. Nada que no hubiera hecho antes. Era para él otra misión rutinaria, acostumbrado al peligro este tipo de misiones no le robaban la calma. La vio entrar a las 9: 17 P.M. Abrigo negro de lana, falda lápiz gris oscuro, tacones bajos. El cabello castaño recogido en un moño imperfecto que dejaba ver la nuca. No era la belleza estridente de las operativas de miel que la agencia solía desplegar. Era...