Caña y sangre:La emboscada del río
El rumor de los tambores de la montaña descendía por las laderas con la persistencia de una marea nocturna, un sonido grave y vibrante que hacía estremecer las raíces mismas de los sauces llorones. Agachada junto a la corriente del río, observaba el reflejo de la luna difusa en el agua cristalina. La calma fría de mi cerebro trabajaba a mil revoluciones por minuto, calculando los tiempos del enemigo sobre el tablero de tierra y sangre que era ahora la provincia. A mi lado, Baltasar respiraba con dificultad, con el torso desnudo cubierto por los vendajes de lino tosco que apenas lograban contener la hemorragia de su lomo desgarrado; su contextura corpulenta, por primera vez, flaqueaba bajo el peso de la fiebre y el dolor físico que sentía debido a todos los azotes que había recibido, su resistencia estaba mermada, pero aún así intentaba mostrarse fuerte a mi lado. El semental indomable de la hacienda era una pieza valiosa para la rebelión, el brazo armado que encendería los barraco...